A diferencia de las facturas médicas o los salarios perdidos, el "dolor y sufrimiento" no viene con un recibo. Cubre el dolor físico, la angustia emocional y la pérdida de disfrute de la vida que causa una lesión, y es más difícil ponerle un número.
Las aseguradoras y los abogados a menudo lo estiman usando un método de multiplicador — toman sus daños económicos totales (facturas médicas, ingresos perdidos) y los multiplican por un factor, comúnmente entre 1.5 y 5, dependiendo de qué tan grave y duradera sea la lesión.
Varios factores afectan ese número: la gravedad y permanencia de la lesión, cuánto alteró su vida diaria y sus relaciones, su edad, y qué tan claramente se puede documentar el daño mediante expedientes médicos y testimonios.
No existe una fórmula fija que la aseguradora esté obligada a seguir, por eso una buena documentación — y alguien con experiencia negociando contra aseguradoras — marca una verdadera diferencia en lo que finalmente le ofrecen.